
La frecuencia de limpieza no la marca el tamaño de la campana, sino las horas de fuego y el tipo de grasa que se genera. En Rubí, donde conviven obradores de pastelería en polígonos como Cova Solera con cocinas centrales de catering, cada instalación pide un calendario distinto. Una traza larga, con tiradas horizontales de treinta o cuarenta metros y pocos registros practicables, acumula grasa polimerizada de forma diferente a una cocina de restaurante en la rambla del Ferrocarril.
Ajustamos los intervalos revisando el historial técnico de tu nave. La norma UNE 100165 nos sirve de guía, pero la realidad de tus conductos manda. Si trabajas en Sant Cugat o Terrassa y sufres accesos complicados, priorizamos abrir y dejar colocados los registros estancos para que las siguientes intervenciones sean más ágiles. No vale con limpiar por dentro; hay que medir el caudal y documentar el estado de filtros y turbina. Para ver cómo planificamos estas frecuencias según tu producción, consulta nuestros servicios.
Qué marca la UNE 100165 sobre el mantenimiento de conductos de cocina
La UNE 100165 es la referencia técnica que se suele citar cuando una aseguradora o un auditor pregunta por qué toca desengrasar ahora. Esta norma fija criterios sobre cómo debe ser accesible el sistema de extracción y cómo mantenerlo, pero no dicta fechas fijas para todas las cocinas. Sirve como punto de partida para justificar tu plan de mantenimiento ante terceros, aportando el respaldo normativo necesario sin sonar improvisado.
Sobre esa base, manda el uso real del obrador. En Rubí, con tiradas horizontales de treinta o cuarenta metros en polígonos como Cova Solera, la periodicidad se acuerda tras revisar la instalación in situ. Lo que importa es la grasa acumulada, el estado de los filtros y si hay registros practicables donde antes solo había traza cerrada. Un catering de quinta gama no tiene las mismas cargas que un asador, así que la frecuencia se ajusta a lo que ve quien recorre el conducto. Si necesitas concretar qué toca en tu caso, puedes consultar nuestros servicios o escribirnos al 690 22 09 44.
Horas de fuego al día: el obrador frente al restaurante del Centre
En el Centre de Rubí conviven dos realidades que engañan a simple vista. Un obrador de bollería mantiene la freidora encendida ocho horas seguidas desde la madrugada, inyectando grasa y vapor en una traza compacta. Frente a ello, un restaurante de la rambla del Ferrocarril trabaja solo dos servicios puntuales. Aunque desde la sala ambos frentes de cocción parezcan similares, la carga térmica no tiene comparación.
El problema es matemático: el primero satura el conducto en pocos meses porque la grasa polimerizada se acumula sin descanso. El segundo aguanta un ciclo más largo. Cuando visitamos el obrador, vemos registros inexistentes en las tiradas horizontales largas, donde medio trabajo consiste en abrir accesos nuevos para poder limpiar después. La normativa UNE 100165 marca frecuencias distintas, pero el sentido común manda.
No basta con mirar la campana; hay que medir el caudal real y revisar cómo baja la temperatura entre turnos. Si tienes dudas sobre qué periodicidad le toca a tu instalación, en nuestros servicios detallamos qué hace falta en cada caso concreto del Vallès.
Producción por tandas: cómo acumula una cocina central de catering
En polígonos como Cova Solera o Can Jardí, el ritmo de trabajo no sigue el calendario laboral. Hay semanas donde la traza de extracción apenas acumula grasa fresca y otras, coincidiendo con eventos puntuales o el arranque del curso escolar, donde la producción se dispara. Esa carga llega de golpe: una cocina central que sirve comedores escolares puede pasar de medio gas a frenético en cuarenta y ocho horas, saturando conductos horizontales de treinta metros que solo tienen uno o dos registros practicables.
Por eso, quien gestiona estas naves ata su mantenimiento a la temporada del cliente, no al mes natural. Esperar a enero es un error si la actividad baja en julio. Muchas instalaciones prefieren parar en agosto para intervenir a fondo, aprovechando que las máquinas descansan y se pueden cortar nuevos accesos estancos sin molestar al servicio. Así, cuando vuelve la presión de septiembre, el circuito ya está limpio y los filtros de malla recuperan su caudal original, evitando paradas imprevistas por sobrecalentamiento de la turbina.
Brasa, freidora y horno: tres grasas que no envejecen igual
La grasa que se acumula en una freidora continua no tiene nada que ver con la de una brasa. En la primera, el depósito es espeso pero blando; sale bien arrastrándolo con producto químico. En cambio, la brasa añade creosota: un residuo seco y muy adherido al metal que exige más trabajo mecánico y desengrase específico. El horno de convección impone su propia lógica. No deja tanta grasa sólida en las paredes, pero manda vapor cargado hacia arriba que condensa dentro del plenum (la cámara de aire bajo la campana), creando una capa húmeda distinta a la de los otros dos equipos.
Aunque compartan la misma campana y la misma traza de conductos en tu nave de Rubí, cada equipo dicta su propio ritmo de limpieza. Lo habitual son dos o tres intervenciones anuales, pero la periodicidad real depende de cuánto usas cada método. En CAMPANIX, tratamos estas capas por separado porque mezclarlas en un solo mantenimiento deja restos donde menos lo esperas. Si tienes tiradas horizontales largas de treinta o cuarenta metros, abrimos registros estancos para llegar hasta el final y te dejamos esos accesos listos para futuras limpiezas. Revisa tu presupuesto ajustando frecuencias según el uso de cada cocina.
Ajustar el calendario con el informe de la intervención anterior
Al terminar cada limpieza, dejamos un informe con fotografías de la traza en distintos puntos. En la siguiente visita, esas imágenes sirven como referencia directa: se compara cuánto grosor de grasa ha vuelto a acumularse exactamente donde antes estaba limpio. Este método pesa más que cualquier tabla genérica porque evalúa el comportamiento real de tu instalación concreta, no una media del sector. Así queda claro si el intervalo debe acortarse o si hay margen para alargarlo unos meses.
En los polígonos de Rubí, como Cova Solera o Can Jardí, las tiradas horizontales de treinta o cuarenta metros suelen complicar esta lectura. Por eso, además de medir el retorno de la grasa polimerizada en filtros y conductos, revisamos el estado de los registros estancos que abrimos en intervenciones anteriores. La fecha aconsejada para volver aparece escrita en el propio informe, junto al plano actualizado de accesos. Es un dato objetivo para programar el mantenimiento sin improvisar, ajustando el calendario a lo que exige la propia instalación.
Dos o tres visitas al año en las naves de los polígonos de Rubí
En las naves de los polígonos industriales de Rubí, lo normal son dos o tres limpiezas al año. La cifra depende de tres factores: las horas que está en marcha la línea, el tipo de grasa que genera la cocina y la longitud de la tirada horizontal. En obradores de catering con conductos de treinta o cuarenta metros, la acumulación es rápida. Si la producción es continua y hay mucha grasa animal, toca subir a tres intervenciones anuales para no dejar que se endurezca y bloquee el flujo de aire.
Cuando la traza ya tiene registros practicables, la revisión intermedia se resuelve en poco tiempo. El equipo centra el trabajo en cambiar filtros de malla y lamas, limpiar el plenum (la cámara de compensación antes del conducto) y revisar la turbina de cubierta. Para ver cómo organizamos estas visitas según el polígono, puedes consultar el reparto por zonas de la ciudad. Así ajustamos la frecuencia real a tu ritmo de producción sin improvisar accesos sobre la marcha.